HELADOS ARTESANOS

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EL LIBRO BLANCO DE LOS HELADOS

 

 

El objetivo de este Libro es aportar razones objetivas que permitan situar los helados en su justo contexto: el de unos alimentos que no son todos iguales y con un alto valor nutritivo que hay que valorar para integrarlos debidamente, si queremos y nos gustan, en nuestra dieta.

 

 

Como se trata de productos dulces tendemos a asociarlos a los postres, pero no tiene por qué ser así. Es más, no practicaríamos una dieta adecuada si los helados, o cualquier otro producto lácteo, desplazaran sistemáticamente a la fruta. El helado puede ser una merienda adecuada, o incluso parte de una comida o una cena, así como un tentempié respetable.

 

 

 

En definitiva, el consumo de helados es un placer que nos podemos permitir mientras lo situemos en sus límites razonables.

 

 

 

Integración de los helados en la alimentación.

 

 

1. Lo más recomendable para el consumo de helados desde una perspectiva nutricional es que se integren dentro de las comidas habituales y no su ingesta entre horas.

 

 

2. No hay alimentos “buenos” y “malos” sino dietas equilibradas o desequilibradas. Una dieta equilibrada comporta distribuir la ingesta de alimentos a lo largo del día de una manera ponderada según la comida de que se trate.

 

 

3. Los helados crema, de leche, helados son alimentos que se pueden integrar con facilidad en la dieta habitual de personas de cualquier edad. El valor nutritivo de los alimentos siempre hay que situarlo en el marco de una dieta suficiente, variada y equilibrada. Por tanto, se trata de integrar los helados en la dieta, y que se valoren por sus aportes nutricionales.

 

 

4. La facilidad de consumo de los helados hace que comerlos sea agradable y cómodo.

 

 

 

Comparación con la leche entera.

 

 

1. El consumo de helados supone un aporte energético más elevado que el de la leche entera. Sin embargo, la diferencia de 150 calorías que aporta de más el consumo de 100 g. De helado respecto a 100 ml de leche entera se estima que es menor que la percepción que al respecto tienen. Además, las diferencias calóricas que presentan no son de un calibre que no pueda compensarse dietéticamente con cierta facilidad.

 

 

2. Si la comparación se hace por raciones o unidades de consumo (asumiendo que una ración de leche es un vaso entre 220 y 250 ml. Y una ración de helado es del orden de 100 g.), las distancias se acortan.

 

 

3. Un helado de leche de 100 g. aporta menos grasas que un vaso de leche entera.

 

 

4. El origen lácteo de las proteínas y el calcio de los helados los hace especialmente interesantes desde el punto de vista nutricional.

 

 

 

Importancia lúdica y social de los helados.

 

 

1. Con la ingesta de alimentos no sólo nos nutrimos, sino que se activan un conjunto de complejos mensajes sensoriales que acaban configurando lo que entendemos como el gusto del alimento. Además de las propiedades captadas por el gusto y el olfato, el gusto del alimento se integra con sensaciones visuales, somastestésicas (temperatura, textura...) e incluso auditivas.

 

 

2. Se puede hablar del gusto por el alimento, una condición que escapa de los condicionantes estrictamente biológicos para conectar con la dimensión psicológica y cultural de la conducta alimentaria.

 

 

3. A igualdad de calor nutritivo, higiénico o simbólico, se acabará por escoger el alimento que proporciona un mayor placer sensorial. Así pues la necesidad alimentaria no se reduce al requerimiento nutricional.

 

 

4. Cuando consumimos un helado se combinan diversas sensaciones que lo convierten en un alimento único. Se unen la percepción del gusto, del frío en la lengua y en la cavidad bucal, de sus diferentes aromas, de la textura o consistencia cremosa en el fluir desde la consistencia sólida al fluir el líquido con una plena sensación de frescor.

 

 

5. No parece muy lógico que, ni por sus cualidades nutritivas, ni por su valor hedónico, este alimento se limite a una ingesta esporádica.

 

 

6. Los helados tampoco deberían ser asociados de forma mayoritaria a un público infantil o juvenil. La oferta, actualmente, es lo suficientemente amplia como para poder dar respuesta a cualquier demanda y exigencia.

 

 

7. El consumo de helados se efectúa con las pausas adecuadas, con la cadencia propia que sus características exigen; existe un tempo a la hora de comer helados, ni demasiado rápido, ni demasiado lento. Se suele tomar helado, incluso entre aquellos que tienen el vicio de comer de forma rápida, con una pauta marcada por la equidistancia que requieren y establecen las sensaciones que se van experimentando a cada contacto.

 

 

8. Existiría una especie de transmisión de flujo armónico entre el helado y el organismo que posibilitaría, más allá del sabor, el entorno perfecto para apreciar todas sus propiedades y virtudes.

 

 

Fuente: página web de la Asociación española de fabricantes de helado

 

 

Descargar Dossier de Prensa del Libro Blanco de los Helados  Valor Nutricional del Helado

 

 

 

 

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